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Valencia de los predicados

Los predicados se suelen clasificar por su valencia, es decir, por el nú­mero de argumentos que exigen, así como por la forma sintáctica que estos presen­tan. Son avalentes los verbos sin argumentos, como los que designan fenómenos meteorológicos (llover, nevar, amanecer). Los predicados monovalentes o predi­cados de un lugar son los que tienen un solo argumento, que se subraya en El guarda duerme; Esta carretera es muy abrupta; el valor de la amistad. Pueden ser verbales, adjetivales o nominales. Lo mismo ocurre con los predicados bivalentes (o de dos lugares), que exigen dos argumentos: Ana decidió no acudir a la boda; un entrenador partidario de hacer jugar a toda la plantilla; la decisión de Ana de no acudir a la boda, y con los trivalentes (o de tres lugares): El señor ministro entregó los premios ayer a los galardonados en una brillante ceremonia; el pago de los atrasos a los pensionistas por el Ministerio de Sanidad

Un mismo argumento (función semántica) puede corresponder a funcio­nes sintácticas distintas y también desempeñar la misma función pero manifestarse mediante categorías diferentes. Así, la realiza­ción categorial del complemento directo del verbo pedir puede ser nominal (Pidió una cerveza) u oracional (Pidió que le sirvieran una cerveza), pero la de dar (también trivalente) solo admite la primera opción. En ciertos contextos es posible que algu­nos argumentos queden implícitos. Así ocurre con el complemento directo en Ya no me escribe, frente a Ya no me escribe cartas, con el indirecto en Pide lo que quieras, frente a Pídeme lo que quieras, y con el de régimen en No me convenció, frente a No me convenció de eso.

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